Soy mexicano, ubicuo, etéreo, efímero y prosigo. Mi origen es rural, vengo de un ambiente sencillo y pobre, de pobreza económica, y sin embargo he escalado en tal magnitud, que ahora estoy en la boca de todo el que lo desee en cualquier parte del mundo, y hasta me atrevo a decir que soy famoso.
En esta ocasión escribiré sobre el texto Pensar por sí mismo, de Sara Rivera, publicado hace unas semanas en este espacio. Es un excelente ensayo, ya que contiene los elementos básicos: tesis, lenguaje científico y a la vez divulgativo, fuentes de sustento y creatividad expresiva. Centraré mi análisis en la tesis y en la creatividad expresiva, y aprovecharé que conozco a la autora para reflexionar un poco en torno a sus motivaciones.
Contaré cómo, poco a poco, Veka fue perdiendo ese estado de divago, de tribulación, alejada del mundo real, refugiada en sí misma, ausente de todo y consciente de nada. Aún entre brumas, con las sombras del recuerdo y el deslumbramiento del desvarío, reconocía su locura frente a la sensatez habitual. Por ello, un día, ante un instante de claridad, a las siete de una tarde de verano, cogió su libro, su monedero con un poco de dinero, tres cartas que había escrito y echó a andar.